Comprar lo que ya subió suena a comprar caro. Y sin embargo, el momentum es una de las poquísimas estrategias que sobrevivió a treinta años de escrutinio académico sin desaparecer. Vale la pena entender por qué.
Qué es el 12-1
La medida clásica de momentum es el retorno de los últimos doce meses, salteando el último: por eso “12-1”. ¿Por qué ignorar el mes más reciente? Porque en el muy corto plazo aparece el efecto contrario —la reversión de corto plazo—: lo que corrió demasiado en las últimas semanas tiende a corregir. Saltear ese mes limpia ese ruido y deja la tendencia de fondo.
La evidencia que no se cae
En 1993, Jegadeesh y Titman publicaron el estudio fundacional: comprar los ganadores de los últimos meses y evitar los perdedores generaba retornos por encima de lo que explicaba el riesgo. En 1997, Carhart lo formalizó como un cuarto factor, junto al mercado, el tamaño y el valor. Y desde entonces se replicó en acciones, bonos, monedas y commodities, en casi todos los países.
Es, como dicen en AQR, “el efecto premium que la academia más odia y menos pudo desarmar”: contradice la idea de mercados perfectamente eficientes, pero la evidencia es demasiado consistente para ignorarla. — síntesis de la literatura de momentum (Jegadeesh & Titman; Carhart; Asness)
Por qué persiste (y qué cuesta)
La explicación más aceptada es de comportamiento: los inversores reaccionan de a poco a las buenas noticias, las instituciones acumulan a lo largo de meses y la tendencia se auto-refuerza mientras dura. Pero el momentum no es gratis: en los giros violentos del mercado sufre “crashes de momentum”, donde los perdedores rebotan con fuerza. Por eso conviene combinarlo con un filtro de régimen, algo que veremos en el tercer artículo.
Dónde lo ves
Nuestro Ranking de Momentum calcula el 12-1 de todo el universo de CEDEARs, medido en dólares sobre la acción subyacente. En el próximo artículo vemos por qué ese retorno se ajusta por volatilidad antes de ordenar.