Después de todo el trabajo —el screening, el timing, los stops, el diario—, queda una pregunta incómoda que Bogle y Malkiel obligan a hacerse: ¿le ganaste a simplemente comprar el índice y no hacer nada?
El benchmark honesto
La forma de responderla es comparar tu rendimiento real contra un benchmark —típicamente el S&P 500, vía el SPY— pero neto de todos tus costos: comisiones, spread e impuestos. En bruto es fácil sentirse ganador; el examen de verdad es el neto. Y ahí es donde muchas carteras activas, que parecían batir al mercado, quedan por debajo.
El dato humilde
No es opinión: los informes SPIVA, que Malkiel cita hace décadas, muestran año tras año que la mayoría de los gestores profesionales —con equipos y recursos— no le gana al índice neto de costos en el largo plazo. Si a ellos les cuesta, conviene mirar el propio resultado con la misma honestidad. No es para desanimarse: es para calibrar expectativas y tomar mejores decisiones.
Core y satélite
De ahí sale una arquitectura sensata que combina lo mejor de los dos mundos: una base indexada y barata —el “core”, que te garantiza el retorno del mercado a costo casi cero— y una porción activa —el “satélite”— donde aplicás el sistema de momentum, RS y trend template buscando ese extra. Así, si tu parte activa no le gana al índice, al menos el core te mantiene en carrera; y si le gana, sumás.
Bogle lo decía sin vueltas: no busques la aguja en el pajar, comprá el pajar entero. Y si además querés buscar la aguja, hacelo con una parte chica y midiendo honestamente si valió la pena. — idea de The Little Book of Common Sense Investing, J. Bogle
Medilo, no lo supongas
La única forma de saber si tu esfuerzo vale la pena es medirlo. Tu Diario de Operaciones ya te da tu resultado real; el paso siguiente es contrastarlo contra el índice neto de costos. Si le ganás, felicitaciones y a seguir; si no, ya sabés que una porción mayor de tu cartera debería ir al core indexado. La honestidad con los números es, al final, la mejor estrategia de todas.