Un stop no va “a cualquier precio”, ni a un porcentaje redondo elegido al azar. Va donde tu tesis se invalida: el punto en el que, si el precio llega, ya no tenés razón para seguir en la operación.
Tres formas de ubicarlo
Hay tres métodos clásicos, y suelen combinarse. El primero es técnico: poner el stop justo debajo de un soporte claro o de la EMA30, la media que Weinstein usa como línea de tendencia —si la pierde, la tendencia se rompió—. El segundo es por volatilidad: ubicarlo a una distancia de 2 veces el ATR debajo de la entrada, para que el ruido normal del activo no lo toque (el enfoque de Elder). El tercero es por estructura: debajo del último mínimo relevante del movimiento.
Ni muy cerca, ni muy lejos
El error de principiante es poner el stop pegado a la entrada “para arriesgar poco”: el ruido normal lo hace saltar y te saca de operaciones que iban bien. El error opuesto es ponerlo tan lejos que, cuando salta, la pérdida es enorme o el risk/reward deja de cerrar. El ATR ayuda a encontrar el punto justo: un stop que respeta la respiración natural del activo pero corta cuando la tesis se rompe de verdad.
El stop define el tamaño, no al revés
Acá se cierra el círculo con el dimensionamiento: primero elegís dónde va el stop (por técnica o volatilidad), y de esa distancia sale cuántos CEDEARs comprar para arriesgar tu 2%. Nunca al revés. Por eso la Calculadora de Posición trae un botón que te sugiere el stop de EMA30 y el de 2×ATR, ya convertidos a precio de CEDEAR, y calcula la cantidad en consecuencia.
La regla de Minervini es clara: el stop no se pone donde te duele menos, se pone donde la operación deja de tener sentido. Si eso implica comprar menos cantidad, comprás menos. El riesgo manda sobre la ambición. — idea de Trade Like a Stock Market Wizard, M. Minervini